La historia reciente de Tepotzotlán es el ejemplo perfecto de cómo una mala administración, envuelta en simulaciones y escándalos, puede sostenerse con base en opacidad, uso político del poder y desdén absoluto por la legalidad.
Todo comenzó el 3 de abril de 2021 con el anuncio grandilocuente de una magna obra: el puente de incorporación vial del libramiento norte, con una inversión de más de 150 millones de pesos, supuestamente con recursos 100% municipales. Un proyecto impulsado por el entonces presidente municipal Ángel Zuppa, quien prometía resolver el problema del tránsito pesado en el acceso a este Pueblo Mágico.
Lo que parecía un avance histórico pronto se convirtió en uno de los mayores símbolos del despilfarro, opacidad y falta de resultados en el municipio.
En 2022, su hija, Ángeles «Gely» Zuppa, llegó al poder bajo el mismo apellido y discurso, pero con una administración marcada por obras inconclusas, recursos devengados sin ejecución y una creciente indignación ciudadana. A pesar de haber ejercido más de 200 millones de pesos entre padre e hija para el famoso puente, la realidad es que la obra sigue sin concluir. Una “obra fantasma” que hoy es ejemplo de cómo el dinero público puede desaparecer sin consecuencias aparentes.
Durante su trienio, Gely Zuppa dejó una estela de irregularidades: un tomógrafo inexistente en una clínica que inauguró, una app de seguridad nunca implementada pero sí pagada, aumentos de inseguridad, más de 80 observaciones del OSFEM en sus cuentas públicas, y un gasto escandaloso en conciertos, despensas para allegados y bonos millonarios de fin de administración.
Pero lo más grave no es eso. El 28 de febrero de este año, Gely pidió licencia por “motivos personales”, en medio del silencio oficial sobre una sanción impuesta por el Tribunal de Justicia Administrativa del Estado de México: una inhabilitación por 7 meses y 15 días que fue confirmada tras perder seis amparos.
A pesar de esta sanción vigente —pues su periodo de inhabilitación concluye en septiembre de 2025—, el 25 de mayo reapareció en la explanada municipal, “con la frente en alto”, asegurando que vuelve fortalecida y lista para gobernar con transparencia. El problema es que legalmente no puede.
La plataforma del Sistema Estatal Anticorrupción aún la reporta como inhabilitada, y su regreso no ha sido acompañado de ningún documento oficial que explique cómo es posible que haya reasumido funciones. De hecho, no está facultada para firmar documentos oficiales, lo que representa una violación clara a las disposiciones legales y podría constituir usurpación de funciones.
La fracción de Morena en el Cabildo ha exigido claridad, pero el silencio de las instituciones municipales y estatales es preocupante. ¿Cómo puede una funcionaria regresar a ejercer el poder si una sentencia judicial vigente se lo prohíbe? ¿Qué mensaje se manda a la ciudadanía cuando se ignoran resoluciones legales por intereses políticos o familiares?
Algunos analistas locales afirman que su regreso responde a un intento de evitar que Martha Villegas, su tía, asuma el cargo como suplente. Se sospecha que Zuppa busca volver a pedir licencia, iniciar otro procedimiento, y así prolongar su control sobre la administración a toda costa.
Tepotzotlán merece respuestas. Merece legalidad, transparencia y rendición de cuentas. No se puede gobernar “con la frente en alto” mientras se pisa el estado de derecho. No se puede hablar de compromiso cuando se evade una sanción judicial. Y no se puede hablar de transformación cuando la única constante ha sido el saqueo disfrazado de continuidad familiar.

