Pangea fue un supercontinente que existió hace unos 335 millones de años, durante las últimas épocas del Paleozoico y el principio del Mesozoico. En esa época, la mayor parte de la Tierra estaba unida en una enorme masa de tierra, con un único océano que la rodeaba: el Panthalassa, también conocido como el Proto-Pacífico o el océano Paleo-Pacífico.
Este supercontinente estaba mayormente ubicado en el hemisferio sur, y su clima era considerablemente más cálido que el actual, lo que favoreció el desarrollo de una vida muy diversa. Durante los 160 millones de años en que existió Pangea, surgieron nuevas especies de animales, como los traversodóntidos, reptiles primitivos, y el Shringasaurus indicus, un dinosaurio de las primeras eras. Además, aparecieron los primeros insectos como escarabajos y cigarras, y al inicio del período Triásico, los reptiles comenzaron a prosperar, lo que marcó el nacimiento de los primeros dinosaurios.

Sin embargo, hace entre 175 y 200 millones de años, en el final del Triásico y el comienzo del Jurásico, Pangea comenzó a fragmentarse debido al movimiento de las placas tectónicas. Este proceso de separación dio lugar a los continentes que conocemos hoy en día. A lo largo del tiempo, las placas tectónicas continuaron su movimiento y el planeta fue transformándose.
De acuerdo con las simulaciones informáticas que predicen el futuro de la deriva continental, se espera que en los próximos cientos de millones de años, los continentes actuales se vuelvan a unir, formando un nuevo supercontinente llamado “Última Pangea”.
Pangea, aunque desaparecida hace tanto tiempo, sigue siendo una parte fundamental de la historia geológica de la Tierra, y su legado se mantiene vivo en los movimientos de las placas tectónicas que continúan modelando nuestro planeta.


