El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum parece haber adoptado una postura de resignación frente a la presión económica ejercida por Estados Unidos. En lugar de confrontar o diseñar una estrategia alternativa, las autoridades han optado por celebrar lo que, en términos prácticos, representa una tregua frágil y condicionada.Durante la conferencia matutina del viernes 1 de agosto, tanto la presidenta como su Secretario de Economía festejaron los 90 días de gracia otorgados por el expresidente estadounidense Donald Trump para no incrementar aranceles. Esta celebración ocurre a pesar de que continúan vigentes tarifas punitivas del 25 % en la industria automotriz y del 50 % en productos como el aluminio, el acero y el cobre.Más allá de los gestos diplomáticos, la postura oficial transmite un preocupante mensaje: aceptar las reglas del juego impuestas por un socio comercial abusivo y, además, presumirlo como un logro. El gobierno actúa como si se tratara de una victoria haber evitado un golpe mayor, aun cuando la amenaza persiste y los daños son evidentes.Trump, por su parte, fue claro tras la llamada sostenida ese mismo día. A través de sus redes sociales, reafirmó que los aranceles actuales se mantienen y anunció que México se comprometió a eliminar de forma inmediata las barreras comerciales no arancelarias —como cuotas y licencias de importación— que protegen la producción nacional.Así, mientras en Palacio Nacional se presume una supuesta capacidad de negociación, la realidad apunta a una preocupante ausencia de estrategia. En lugar de defender los intereses del país, el gobierno parece seguir el ritmo marcado por Washington, aceptando concesiones unilaterales y debilitando los mecanismos de defensa económica interna

