Maradona, Messi y un favorito
«Amigo, Maradona era un espectáculo. Un futbolista sin igual, algo de locos. Y un gran compañero». Quien habla así de Diego Armando Maradona es Julio Alberto Moreno, lateral asturiano que compartió dos años de su carrera con el astro argentino en el Barcelona y que mantiene en la retina aquel recuerdo.
El Pelusa se marchó del club en 1984 y Julio Alberto siguió hasta su retirada en 1991. Su nombre es hoy una leyenda en azulgrana. No fueron muchos los futbolistas que tanto y tan bien congeniaron con la exigente hinchada del Camp Nou.
La suya no fue una vida al uso. Pasó por problemas, y no pocos, pero hoy, con 63 años, vive «orgulloso conmigo mismo». Sufrió, lo confiesa, «un rechazo social muy duro» y todo lo vivido, y la manera en que ha sabido salir adelante en lo que debe considerarse el mejor título de su existencia, provoca que tenga una máxima:
No quiere remover aquel pasado. Tal es así que ha llegado a demandar a un par de periódicos en España por poner en su boca cosas que no ha dicho y por montar historias aprovechando un morbo nunca justificado.
Cuando se conoce a Julio Alberto, a la persona, se entienden sus reticencias… Y a la vez se ilumina la posibilidad de charlar con él de futbol. Del Barça del presente, del suyo, de Messi, de Maradona por supuesto, y también del Real Madrid. Del Clásico que viene, «podemos ganarlo» proclama, y de los muchos que él vivió en el césped. Recuerdos imborrables para cualquier barcelonista.
Porque hubo un tiempo que en el Camp Nou atronaba su nombre en boca de una hinchada entregada. Y no es de extrañar porque Julio Alberto ha pasado a la historia como uno de los mejores laterales zurdos del Barça. Sucesor de Toño de la Cruz, fichó por el club, procedente del Atlético de Madrid, en 1982 y por 600 mil dólares, una cantidad muy respetable en la época que deportivamente se amortizó de manera sobrada.
Y eso que no fue un coleccionista de títulos como habría merecido. Sumó 301 partidos oficiales hasta su retirada en 1991 conquistando dos títulos de Liga, tres Copas del Rey, dos Copas de la Liga, una Supercopa de España y una Recopa de Europa. Y lloró, como todo el barcelonismo, la cruel derrota en la final de la Copa de Europa (hoy Champions) de 1986 ante el Steaua.
«De 100 partidos habríamos ganado 99… Fue mi gran pesar, la espina que se queda clavada, el recuerdo más triste, claro» revela hoy, apartado del primer plano y tan resolutivo como lo fue en su época de futbolista.
Fuente: ESPN.
