Por: Noé Meneses.
“El silencio histórico, el no recordar, el no reconocer es una forma de violencia que somete. El que no haya mujeres en el Paseo de la Reforma es una violencia que somete, aniquila y determina un presente, pero también aniquila un futuro; el silencio histórico se vuelve un ancla que invita la complicidad y dificulta el cambio”
Durante años el paseo de la Reforma tenía una narrativa única, determinista, excluyente y parcial que hacia invisible la participación de las mujeres en las trasformaciones de México. Era un espacio simbólico de los pocos que aún no habían ocupado las mujeres, había eso si estatuas, pero solo de hombres que contaban su participación en los ciclos revolucionarios, de mujeres no. Por ello la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum Pardo inauguro para romper con esta hegemonía el “Paseo de las Heroínas” con 14 estatuas de mujeres.
“Hacer el Paseo de las Heroínas con 14 mujeres les habla a las niñas y también a los niños, a las y a los jóvenes, y al legado. Las mujeres han sido parte fundamental de la historia como luchadoras, pero también como ingenieras, como médicas, como escritoras. El cambio cultural que representa este Paseo de las Heroínas es un reconocimiento de las mujeres en la historia de México, en los acontecimientos; y, deja un presente y deja un legado para las actuales y paras las futuras generaciones.”
Por este motivo hemos decidido en malinterpretados contar una breve historia novelada de la participación de cada una de las mujeres cuyas estatuas, serán incluidas en el “Paseo de las Heroínas “como un reconocimiento a esta doble lucha que enfrentaron como mujeres de su tiempo.
Para que tu nombre y tu paso del pensamiento a la acción nunca se olviden.
GELTRUDIS BOCANEGRA
Naciste para transgredir Gertrudis, a ti el destino te mantiene firme, no hay imposición que resista la fuerza abrumadora de la contribución a la causa. Es tarde en la plaza de San Agustín, las hojas verdes del fresno (que presenciara lo injusto) se tornan amarillentas con el sol que comienza su puesta, el viento les da contrastes y con su velocidad mil formas, la gente se arremolina, y asoma entre el tumulto que ve con asombro el linchamiento que te conduce a la muerte.
Algunos pueden ver tu cuerpo desnudo, eso dicen. Avanzo como puedo entre los curiosos y el ruido del ejercito realista, paso con sobresalto entre el desconcierto, la indignación, y la indiferencia. Al fin después de varios minutos logro verte, pero no es tu cuerpo, sino tu alma la que esta desnuda. Solo una transgresora podía romper moldes, no te quedaste en casa. Y en vez del rol que el determinismo patriarcal te marcaba, decidiste con valor unirte a la causa.
Será tu última comunicación, de las muchas que tuviste ayudando a los “Guadalupes” entre Pátzcuaro y Tacámbaro para derrocar al imperio español. Esta vez no era una filtración del avance de tropas en la nueva España, no transmitías información reservada, ni advertías peligros, no facilitabas el camino al ejercito insurgente. Tu presencia y circunstancias serian tu narrativa de vida. No te detuvo el dolor, ni la condena de un proceso sin garantías de defensa, te fortaleció la muerte de tu esposo e hijo en el campo de batalla, las lecturas prohibidas de la enciclopedia, tu convicción firme y tu irreverencia.
No fue suficiente la sentencia a muerte, tu jamás moriste. Ni la tortura, ni la acusación de traición, ni la condena, nada podía convertirte en una delatora. No hubo asombro, sino valentía. Ya no podrás ver el triunfo de la independencia con la épica entrada del ejercito Trigarante. Pero el mensaje que ahora envías es conocido en ese momento por todos los presentes (y recordado siempre) ¡aquí nadie se rinde.
El pelotón del ejercito realista presenta las armas y se forma para ejecutar tu sentencia Gertrudis Boca Negra. La orden fue dada, las ráfagas fueron tan potentes, que no solo tu sino todos los presentes quedaron inmóviles, solo las aves que se guarecían en las ramas del fresno echaron a volar, pero no por el tremendo impacto de las balas, sino por la inmoralidad del acto este 11 de octubre de 1817.
