Este jueves 19 de junio, México celebrará el Día de las Mulas, una festividad profundamente enraizada en la cultura popular, la historia y la religión. Conocida también como el jueves de Corpus Christi, esta tradición se distingue por una imagen entrañable y muy mexicana: niñas y niños vestidos de “inditos”, con mantas, huaraches y sombreros, participando en procesiones y recibiendo bendiciones especiales.
El origen de esta costumbre es doble. Por un lado, una leyenda católica señala que una mula se arrodilló ante la Eucaristía, reconociendo la presencia divina de Cristo, lo que provocó la conversión de su dueño. Por otro lado, tiene una base histórica: durante la época virreinal, las mulas transportaban ofrendas y productos desde pueblos indígenas hacia los templos para las celebraciones del Corpus Christi, lo que dio nombre a esta fecha.

La vestimenta de los niños representa a los pueblos indígenas que antiguamente participaban en esta celebración llevando sus mejores ropas y ofrendas. Además, se interpreta como un homenaje a San Juan Diego, símbolo del cristianismo indígena, y como un acto de fe al llevar a los pequeños a recibir bendiciones durante las ceremonias religiosas.
Según la Arquidiócesis Primada de México, el Día de las Mulas resalta no sólo la importancia de la Eucaristía en la vida cristiana, sino también el papel clave de los pueblos originarios en la construcción del catolicismo en el país.

Actualmente, esta festividad se vive con gran entusiasmo en distintos estados de México, en especial en zonas del centro del país. Las actividades incluyen misas, procesiones, venta de dulces tradicionales y una fuerte carga simbólica que une a generaciones a través de la fe y la identidad cultural.
El Día de las Mulas es una muestra más del sincretismo mexicano, donde lo indígena y lo católico conviven en una expresión única que sigue viva en las calles, en las familias y en la memoria colectiva.

