Lirios Buscadores Izcalli asegura que elementos de la Policía Municipal pretendieron entrar al inmueble y tomar fotografías sin mostrar una orden judicial; vecinos intervinieron e impidieron el acceso. El colectivo exige saber quién ordenó la actuación, con qué propósito y bajo qué fundamento legal.
CUAUTITLÁN IZCALLI, Estado de México.— El colectivo Lirios Buscadores Izcalli denunció la noche de este viernes 14 de agosto un hecho que exige una explicación inmediata de las autoridades: elementos identificados en su comunicado como integrantes de la Policía Municipal habrían intentado ingresar al domicilio de Karla Lechuga, madre del joven desaparecido Jeshua Cisneros Lechuga, sin exhibir una orden judicial y cuando ella ni siquiera se encontraba en el inmueble.
De acuerdo con el comunicado difundido públicamente por el colectivo, los hechos ocurrieron aproximadamente entre las 20:00 y las 20:30 horas.
Lirios Buscadores señala que los elementos pretendían ingresar a la vivienda para efectuar una revisión y tomar fotografías del domicilio.
La entrada, según el mismo documento, no se concretó debido a la intervención de vecinos, quienes se opusieron a que los policías ingresaran.
El colectivo sostiene además que los agentes no exhibieron una orden judicial ni ofrecieron una explicación clara que acreditara el motivo de la revisión o de la toma de fotografías.
La denuncia fue publicada la misma noche en las redes sociales oficiales de Lirios Buscadores Izcalli y posteriormente reproducida por medios locales.

Una patrulla plenamente identificada
El comunicado no se limita a formular una acusación genérica.
La organización difundió los datos con los que, asegura, fue identificada la unidad utilizada por los elementos:
Placas: ME-093A6
Número de unidad: S8801
Esos mismos datos aparecen en la publicación pública realizada por el colectivo.
Precisamente por ello, la autoridad tiene elementos concretos para esclarecer lo sucedido.
¿A qué corporación está adscrita la unidad? ¿Qué elementos se encontraban a bordo? ¿Existía una instrucción oficial para acudir al domicilio? ¿Quién la emitió? ¿Cuál era el objetivo de tomar fotografías? ¿Había una investigación o diligencia que justificara esa presencia?
Y, sobre todo: ¿con qué fundamento se pretendía ingresar a una vivienda particular si, como sostiene el colectivo, no existía una orden judicial ni autorización de su ocupante?
Son preguntas que no deberían quedar sin respuesta.
El domicilio está protegido constitucionalmente
El señalamiento tiene especial gravedad porque no se trata simplemente de que una patrulla haya circulado frente a una vivienda.
El artículo 16 de la Constitución mexicana establece la protección de las personas frente a actos de autoridad sobre su domicilio y exige que estos estén debidamente fundados y motivados. Para la práctica de un cateo, el Código Nacional de Procedimientos Penales establece que cuando se pretende inspeccionar un domicilio o propiedad privada, el Ministerio Público debe solicitar autorización judicial.
La legislación sí contempla excepciones muy concretas para entrar a un lugar cerrado sin orden judicial. El artículo 290 del Código Nacional de Procedimientos Penales señala que puede ocurrir cuando sea necesario repeler una agresión real, actual o inminente que ponga en riesgo la vida, integridad o libertad de una persona, o cuando exista consentimiento de quien legalmente pueda otorgarlo.
Por tanto, si los hechos ocurrieron exactamente como los relata el colectivo —sin orden judicial, sin consentimiento y sin que existiera una emergencia de esa naturaleza—, la autoridad tiene la obligación de explicar cuál habría sido la base legal de la actuación de sus elementos.
No basta con que una persona porte uniforme para que pueda ingresar a una vivienda.
Y mucho menos para hacerlo sin explicar el objeto de la diligencia.
No era cualquier domicilio
Existe además un elemento que hace todavía más delicada la denuncia.
Karla Lechuga no es solamente la propietaria u ocupante de una vivienda a la que supuestamente pretendían ingresar policías.
Es una madre buscadora.
Su hijo, Jeshua Cisneros Lechuga, desapareció el 13 de noviembre de 2025 en Cuautitlán Izcalli y este jueves 13 de agosto se cumplieron nueve meses sin que haya sido localizado. La desaparición y la persistencia de su familia en la búsqueda han sido documentadas ampliamente desde noviembre pasado.
A partir de esa búsqueda surgió Lirios Buscadores Izcalli, organización que actualmente acompaña también a otras familias con personas desaparecidas.
Eso coloca sobre las autoridades un estándar todavía mayor de cuidado.
La Ley General de Víctimas reconoce el derecho de las víctimas y sus familiares a que se garantice su seguridad frente a actos de amenaza, intimidación o represalia.
Por eso resulta particularmente preocupante que una familia que desde hace nueve meses reclama respuestas sobre la desaparición de un hijo tenga ahora que preguntar por qué policías acudieron a su domicilio e intentaron documentar su interior.
Lirios exige saber quién dio la orden
En su pronunciamiento, el colectivo calificó los hechos como de “extrema gravedad” y exigió que las autoridades esclarezcan tres cuestiones fundamentales:
quién ordenó el operativo, cuál era su objetivo y bajo qué fundamento pretendían ingresar y fotografiar el inmueble.
También solicitó garantías para la seguridad e integridad de Karla Lechuga, su familia y las personas que la acompañan en la búsqueda de Jeshua.
La organización fue especialmente clara al señalar que las familias buscadoras no deben convertirse en objeto de intimidación, vigilancia u hostigamiento por el hecho de exigir que las autoridades localicen a sus familiares.
Finalmente pidió la intervención de organismos de derechos humanos y de las autoridades competentes para documentar e investigar lo sucedido.
La policía debe explicar, no dejar más preguntas
Hasta el cierre de esta información, Mexiquense Noticias no localizó una postura pública que explique específicamente la presencia de la unidad S8801 en el domicilio, el objetivo de la actuación señalada por el colectivo o la autoridad que presuntamente la habría ordenado.
Y esa explicación resulta indispensable.
Porque si existía una diligencia legal, la autoridad debe mostrar su fundamento.
Si había una investigación, debe aclararse qué autoridad la conducía.
Si los elementos actuaban bajo una orden, debe saberse quién la emitió.
Y si no existía ninguna instrucción oficial, entonces la pregunta es todavía más grave: ¿qué hacían policías municipales intentando ingresar y tomar fotografías en el domicilio de una madre buscadora?
No corresponde adelantar conclusiones sobre responsabilidades individuales antes de una investigación.
Pero tampoco corresponde normalizar que agentes armados aparezcan en una vivienda particular, pretendan ingresar y posteriormente sea la familia la que tenga que salir a preguntar quién los mandó y para qué.
Para una institución de seguridad pública, identificar la unidad, revisar su bitácora, conocer qué elementos se encontraban asignados y determinar quién ordenó el desplazamiento debería ser una tarea elemental.
Lo ocurrido necesita una aclaración pública, documentada y rápida.
Porque una madre que lleva nueve meses buscando a su hijo debería estar recibiendo respuestas de las autoridades, no nuevas razones para sentirse vigilada o insegura en su propia casa.
Y mientras Jeshua Cisneros continúe desaparecido, el deber prioritario del Estado sigue siendo el mismo: buscarlo, localizarlo y garantizar la seguridad de quienes no han dejado de hacerlo.

