El Departamento de Justicia de Estados Unidos, a través de su Oficina de Asuntos Internacionales y con el apoyo de la Oficina Federal de Prisiones (BOP), transfirió el pasado viernes a 13 ciudadanos mexicanos que cumplían condenas en territorio estadounidense por delitos relacionados con la distribución de drogas. Los reclusos fueron trasladados a México para continuar el cumplimiento de sus sentencias en su país de origen, en el marco del Tratado de Transferencia de Prisioneros entre ambos países.
Este movimiento tiene un impacto significativo tanto para las autoridades de Estados Unidos como para las mexicanas. Según Matthew R. Galeotti, Jefe de la División Penal del Departamento de Justicia, el traslado ahorrará más de 3 millones de dólares a Estados Unidos al eliminar los costos de encarcelamiento de estos reclusos, quienes aún tenían 75 años combinados de sentencia restante.

El programa de transferencia de prisioneros, que se basa en un acuerdo bilateral firmado por ambos países en 1976 y que entró en vigor en 1977, permite que los reclusos que soliciten ser trasladados a su país de origen continúen cumpliendo sus penas bajo las autoridades penitenciarias locales. Los reclusos transferidos estaban vinculados a crímenes relacionados con sustancias controladas como la cocaína, la metanfetamina y el fentanilo.
Desde la implementación de este programa, Estados Unidos ha firmado más de 10 acuerdos bilaterales y dos convenios multilaterales, lo que ha permitido el traslado de reclusos a más de 85 países. Además de los beneficios económicos, este programa también facilita la rehabilitación de los infractores, contribuye a aliviar la sobrepoblación en las prisiones federales y fortalece los lazos internacionales en materia de justicia penal.
El proceso de transferencia, que forma parte de un esfuerzo coordinado entre las autoridades penitenciarias de ambos países, también subraya el compromiso mutuo de Estados Unidos y México para trabajar juntos en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

